Trastornos alimentarios: qué son y cómo evitarlos

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Los alimentos son esenciales para crecer y estar sanos, por ello es importante mantener una alimentación adecuada. Pero en ocasiones se presentan algunos trastornos que están relacionados con ciertas conductas alimentarias y afectan negativamente la salud, las emociones y la vida social.

La mayoría de estos trastornos se caracterizan por prestar atención excesiva al peso, la figura corporal y la comida, lo que lleva a adoptar conductas alimentarias peligrosas. Estas conductas pueden repercutir considerablemente en la capacidad del cuerpo para incorporar la nutrición adecuada, lo que puede causar daños en el corazón, el aparato digestivo, los huesos, los dientes y la boca.

Además, estos trastornos pueden derivar en otras enfermedades, siendo las más frecuentes la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno alimentario compulsivo, la ortorexia (obsesión por consumir solo alimentos saludables, dejando de lado otros, también necesarios) y la vigorexia o dismorfia muscular, conocida como “complejo de Adonis” (obsesión por comer proteínas en gran cantidad). En cualquier caso, es importante recurrir a tratarse con un profesional de la salud, ya que es posible volver a tener hábitos alimentarios saludables y llegar a revertir las complicaciones graves causadas por este tipo de trastornos.

 Cómo prevenir trastornos alimentarios desde niños 

Aunque pueden aparecer a cualquier edad, estos trastornos suelen manifestarse en la adolescencia y los primeros años de la adultez. Por eso es fundamental que los mayores fomenten buenos hábitos alimentarios en los niños desde temprana edad. Para ello se deben tener en cuenta las siguientes cuestiones:

– Dar el ejemplo: es importante que los niños tengan ejemplos de alimentación adecuada para poder copiar.

– Fomentar la autoestima: es preciso enseñar a los pequeños a autovalorarse y aceptar su propio cuerpo para que el aspecto físico no repercuta en su autoestima.

– Evitar influencias negativas: tratar de que los niños no tomen como ejemplo los modelos de aspecto físico impuestos socialmente, a menudo divulgados por los medios de comunicación o las redes sociales.

– Disponer de comida saludable: tratar de tener variedad de alimentos en casa para acostumbrar a los pequeños a comer de todo y poder elegir entre diversas opciones saludables.

– Pautar horarios: crear una rutina y generar el hábito de comer saludable requiere de respetar horarios de comida establecidos, incluyendo en lo posible ejercicio físico y un buen descanso.

– Evitar ciertos alimentos: eliminar o hacer que se consuma lo menos posible cereales refinados (harinas y sus derivados), lácteos altos en grasa, fritos, endulzantes artificiales, bebidas con gas, alcohol y alimentos industrializados.

– Incorporar frutas y verduras: tener en cuenta que hay productos que conviene consumir diariamente porque ayudan a balancear el organismo, la mente y el espíritu tanto en niños como en adultos. Entre ellos: limón, naranja, ananá, melón, ajo, cebolla y frutos secos (ricos en vitaminas C, B9 y B12); avena, espinacas, espárragos, lechugas, tomates, huevos y garbanzos.

 Recomendaciones para todas las edades 

– Mantener un peso corporal saludable.
– Respetar rutina de comidas diarias a horarios.
– Comer alimentos variados y en raciones moderadas.
– Aumentar el consumo de frutas, hortalizas, legumbres, cereales integrales y frutos secos.
– Consumir alimentos ricos en hidratos de carbono.
– Beber mucho líquido.
– Reducir la ingesta total de grasas y sustituir las saturadas por las no saturadas.
– Disminuir el consumo de azúcares.
– Realizar 60 minutos diarios de actividad física.

Importante: el presente material es de carácter informativo, de ninguna manera reemplaza el criterio del profesional de la salud en cada caso en particular. Ante cualquier duda o síntoma se debe consultar a un médico y no automedicarse.