Sordera: mucho más que no escuchar

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La hipoacusia o deficiencia auditiva, conocida comúnmente como sordera, es un trastorno sensorial que afecta la capacidad de escuchar sonidos. Esta limitación puede ser unilateral o bilateral y clasificarse, según el grado de pérdida auditiva, en pérdida profunda o en deficiencia auditiva leve, media o severa.

La pérdida de audición puede deberse a causas genéticas, complicaciones en el parto, algunas enfermedades infecciosas, infecciones crónicas del oído, uso de determinados fármacos, exposición al ruido excesivo o envejecimiento.

Dicha falta de audición es uno de los problemas de salud crónicos más comunes. Afecta a personas de todas las edades, incluyendo niños, dificultando consecuentemente el habla, la comunicación, el aprendizaje y la inserción en la sociedad.

Mejorar médicamente la situación de las personas que padecen pérdida de audición es posible con la utilización de audífonos, implantes cocleares o el empleo de otros dispositivos de ayuda auditiva. Por eso detectar e intervenir tempranamente esta anomalía es algo fundamental para minimizar sus consecuencias, sobre todo en el desarrollo y en el rendimiento escolar de los niños.

 Algunas consideraciones a tener en cuenta 

– El oído es un órgano que no requiere una limpieza activa porque se limpia por sí solo. Debe limpiarse únicamente por fuera, sin introducir ningún objeto o líquido, a menos que lo prescriba un profesional.

– El dolor de oído puede deberse a la existencia de un tapón de cerumen, la presencia de líquido en el oído medio, o una infección aguda en el conducto auditivo o en la membrana del tímpano.

– La infección de oídos puede evitarse cuidándolos adecuadamente. Para ello es importante no dejar entrar agua sucia ni introducir ningún tipo de elemento.

– Se debe emplear solo medicación indicada por un profesional, ya que algunos productos pueden irritar el conducto auditivo y la membrana del tímpano y pueden provocar una infección.

– Un ruido alto puede perjudicar al oído, dependiendo de su volumen y su duración. Por eso es aconsejable protegerse de un ruido peligroso tan pronto como comience la exposición.

– Siempre que haya dolor de oído, otorrea, pérdida de audición, deficiencia del habla o dificultad de comprensión al escuchar es necesario acudir a un otorrinolaringólogo.