Linfoma: es importante detectarlo a tiempo

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El linfoma es un cáncer de una parte del sistema inmunitario llamado sistema linfático. Es uno de los tipos de cáncer de sangre menos conocido pero a la vez más común y, junto a la leucemia y el mieloma, representa uno de los tipos más graves.

Esta enfermedad afecta directamente a las células del sistema inmune: los linfocitos. En general, se produce por un fallo de los glóbulos blancos de la sangre, que funcionan como una barrera contra las infecciones. Esta alteración provoca la creación de una célula anormal que se convierte en cancerosa y se presenta principalmente en los ganglios, el bazo y el hígado, donde habita la mayor parte del tejido y líquido linfático. De manera menos habitual, o bien ya avanzada la enfermedad, se expande hacia el resto del organismo y puede invadir órganos específicos.

 Síntomas 

Sus síntomas se pueden confundir fácilmente con enfermedades comunes, como gripe o mononucleosis, y son variados e impactan tanto en la parte física como en la emocional:
– Pérdida de cabello.
– Cansancio.
– Náuseas.
– Fiebre.
– Picazón.
– Depresión y pérdida de autoestima.
– Aparición de bulto en el cuello, ingle o axilas.
– Inflamación de los ganglios linfáticos.

Los factores de riesgo de esta enfermedad no están claros. Estar atentos a estos índices permite diagnósticarla tempranamente para poder tratarla a tiempo, ayudando a obtener mejores resultados pues si se detecta en un estadío temprano la probabilidad de supervivencia es de un 70%.

 Para tener en cuenta 

Ningún tipo de cáncer se puede prevenir completamente pero sí es posible disminuir los riesgos. Para eso es importante:

  • Consultar periódicamente al médico: a fin de realizarse chequeos preventivos.
  • Mantener hábitos saludables: cuidar la alimentación, realizar ejercicio, dormir 8 horas diarias, beber 2 litros de agua por día, eliminar el consumo de sal.
  • Evitar hábitos dañinos: no consumir drogas, beber alcohol con moderación, tratar de no fumar.
  • Cuidar el sistema inmune: tratando de no contraer enfermedades que puedan evitarse, como un resfrío por no abrigarse, por ejemplo.
  • Evitar infecciones de virus y bacterias: tratando e higienizando heridas correctamente, evadiendo lugares donde haya riesgo de contagio.
  • Disminuir el estrés: intentando que los problemas cotidianos no repercutan en el estado anímico.
  • Conservar un peso saludable: evitando cambios bruscos de pérdida o ganancia de kilos.