Fiebre amarilla: una enfermedad para prevenir

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La Fiebre Amarilla es una enfermedad vírica aguda, hemorrágica y endémica -es decir que se da con frecuencia- en áreas tropicales de África y América Latina. El virus de la fiebre amarilla es un arbovirus del género Flavivirus transmitido por mosquitos de los géneros Aedes y Haemogogus, por lo que el Aedes Aegypti -el mismo que contagia el dengue- es uno de los mosquitos transmisores. Teniendo en cuenta esto, es sumamente importante prevenir la presencia y propagación de dichos insectos.

 Síntomas y consecuencias 

Los síntomas aparecen entre 3 y 6 días después de la picadura de un mosquito infectado. En una fase inicial causa fiebre, dolor muscular y de cabeza, escalofríos, pérdida del apetito y náuseas o vómitos.

En la mayoría de los pacientes estos síntomas desaparecen después de 3 a 4 días. Sin embargo, el 15% entra en una segunda fase más tóxica dentro de las 24 horas siguientes a la remisión inicial. En esta fase vuelve la fiebre alta, varios sistemas del cuerpo son afectados y la función renal se deteriora. La mitad de los pacientes que pasan a la fase tóxica mueren a los 10/14 días, el resto se recupera sin daño orgánico significativo.

 Porqué y quiénes deben vacunarse 

Dado que no existe un tratamiento específico para esta enfermedad, la vacuna es la medida preventiva más importante puesto que es segura y muy eficaz, proporciona inmunidad efectiva dentro de los 30 días de aplicada, y con una sola dosis es suficiente para inmunizarse de por vida.

En la Argentina la vacuna contra la fiebre amarilla está incluida en el Calendario Nacional de Vacunación en las áreas definidas como de riesgo (Misiones, Formosa y algunos departamentos de Corrientes, Chaco, Salta y Jujuy). Allí debe aplicarse a los 18 meses de vida, con un refuerzo por única vez a los 11 años. También es necesaria la aplicación para quienes deben viajar a países o zonas con riesgo de enfermedad y no tengan contraindicación para ser vacunados.