Asperger: un trastorno del espectro autista

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El síndrome de Asperger es un trastorno que forma parte de los Trastornos del Espectro Autista. Los niños con este síndrome tienen dificultades para la interacción social y la comunicación verbal y no verbal, y presentan intereses restringidos y conductas rígidas.

Si bien quienes lo padecen tienen un cociente intelectual normal, necesitan una educación que pueda adaptarse, porque muchas veces requieren estrategias específicas que fomenten su lenguaje y aprendizaje, y les ayude en la interacción social.

 Señales de Alerta 

Generalmente son los padres y los docentes de educación inicial los primeros en notar comportamientos poco comunes en el niño, por eso es importante prestar atención a los principales alertas que pueden presentarse en el desarrollo:
– No sonreír durante la interacción social.
– No mirar a los ojos.
– No balbucear.
– Tener retraso en la adquisición del lenguaje o perder el lenguaje adquirido.
– No señalar para mostrar algo o compartir interés.
– No responder al nombre.
– No realizar juegos simbólicos,
– Reaccionar inesperadamente frente a estímulos sensoriales.

 Tiempo de diagnóstico 

La edad promedio en la que se diagnostica el autismo clásico son los 3 años, mientras que el Síndrome de Asperger y el TGD-NE tienden a ser diagnosticados más tarde, aunque los primeros signos pueden ser evidentes desde los 12 meses. En cualquiera de estos casos, es importante tener en cuenta que la detección temprana de las condiciones del espectro autista puede mejorar tanto la vida del niño como la de su familia.

 Características de quien padece este síndrome 

– Tiene dificultad para entender la comunicación no verbal (gestos, expresiones faciales, tono de voz) y los mensajes no verbales sutiles.

– Puede hablar durante mucho tiempo de sus temas de interés, tanto que le cuesta poner fin a la conversación, o elegir temas de los que “hablar por hablar”, o tener una charla “social” con otras personas.

-Es muy literal, por lo que muchas veces no entiende las bromas, los chistes, las metáforas o los sarcasmos.

– Su expresión verbal es correcta pero a veces utiliza el lenguaje de manera muy formal, siendo demasiado preciso, técnico e incluso pedante.

– Le resulta difícil reconocer y comprender las reglas sociales “no escritas”, por lo que a veces puede comportarse de manera inadecuada sin darse cuenta.

– Quiere relacionarse con los demás pero no sabe cómo hacerlo, por lo que a veces puede encontrarse solo.

– Le resulta muy difícil manejarse cuando debe interactuar con muchas personas a la vez, por lo que aparenta no querer relacionarse o integrarse al grupo.

– Puede parecer que no expresa sus emociones ni tiene en cuenta las de los demás pero en realidad le resulta muy complejo darse cuenta de los sentimientos y emociones de otras personas.

– Encuentra difícil expresar sus propias emociones de una manera convencional, por lo que a veces pareciera reaccionar de manera inadecuada o fuera de lugar.

– Su forma de pensar es rígida y concreta, lo que le ayuda en actividades que requieren atención a detalles y repetición de patrones, pero le dificulta otras tareas que requieran flexibilidad o búsqueda de alternativas.

– Es fiel a las rutinas que sigue de manera rígida y repetitiva, pues le proporcionan seguridad y pautas concretas de actuación, pero a su vez limitan su comportamiento, dificultando su adaptación a cambios y situaciones novedosas o poco previsibles.

– Tiene intereses muy concretos y específicos sobre los que acumula mucha información y dedica mucho tiempo.

– Puede ser extremadamente sensible a algunos estímulos del ambiente, al punto de que le resulten molestos o dolorosos los ruidos, las luces, los olores o los sabores.

 Cómo ayudar a quien lo padece 

Dadas las dificultades sociales que afronta alguien con este síndrome, es importante la comprensión y tolerancia de quienes lo rodean. En tal sentido, se debe considerar:

– Reflexionar sobre los desafíos sociales cotidianos e intentar ponerse en el lugar de esa persona que no los comprende ni sabe cómo afrontarlos.

– Tratar de empatizar con su experiencia y procurar comprenderla, aunque a veces sea muy distinta a lo convencional.

– Interesarse por conocer bien a la persona, sus gustos e intereses, sus puntos fuertes y débiles, y las cosas que son importantes para ella.

– Hacer explícitos algunos conceptos que para la mayoría son obvios pero para alguien con Asperger no.

– Utilizar un lenguaje directo y concreto, sin ambigüedades o dobles sentidos.

– Entender que sus comportamientos no son caprichosos o intencionados sino que reflejan una manera distinta de comprender y desenvolverse en el mundo.

– Preguntarle cuál es la mejor manera de ayudarla, y adaptarse a su condición.

Importante: el presente material es de carácter informativo, de ninguna manera reemplaza el criterio del profesional de la salud en cada caso en particular. Ante cualquier duda o síntoma se debe consultar a un médico y no automedicarse.