Actividad física: una aliada de la salud

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Realizar ejercicio con regularidad contribuye tanto a la salud física como a la mental, aumenta la energía, mejora el descanso, beneficia la vida sexual, e incluso puede alargar los años de vida, y mucho más. A continuación, te contamos cómo repercute positivamente en el organismo.

– Genera bienestar: mejora el estado de ánimo y disminuye los sentimientos de depresión, ansiedad y estrés. Además es capaz de favorecer la producción de endorfinas que ayudan a generar sentimientos positivos y reducen la percepción del dolor.

– Ayuda a perder peso: aumenta la tasa metabólica, por lo que se queman más calorías. Además, combinar el ejercicio aeróbico (de menor intensidad) con el entrenamiento de resistencia puede maximizar la pérdida de grasa y el mantenimiento de la masa muscular, lo cual es esencial para no recuperar el peso perdido.

– Beneficia a los músculos y huesos: es vital en la construcción y el mantenimiento de músculos y huesos fuertes. Esto se debe a que ayuda a liberar hormonas que promueven la capacidad de los músculos para absorber los aminoácidos y eso, a su vez, les ayuda a crecer y reduce su destrucción. Además ayuda a desarrollar la densidad ósea y previene la aparición de osteoporosis con la edad.

– Aumenta los niveles de energía: tanto en personas sanas como enfermas, inclusive en personas que padecen enfermedades progresivas, como el cáncer, el SIDA y esclerosis múltiple.

– Reduce el riesgo de sufrir enfermedades crónicas: la falta de actividad continuada es una causa primaria de enfermedades crónicas, en tanto que el ejercicio regular mejora la sensibilidad a la insulina, la capacidad cardiovascular y la composición corporal; además disminuye la presión arterial y los niveles de lípidos en la sangre.

– Beneficia a la piel: el ejercicio moderado regular contribuye a aumentar la producción de los antioxidantes naturales del cuerpo que ayudan a proteger las células de la piel. Además, al estimular el flujo sanguíneo e inducir adaptaciones de las células de la piel, puede ayudar a retrasar la aparición de los signos del envejecimiento.

– Contribuye a la salud cerebral y la memoria: al aumentar la frecuencia cardíaca promueve el flujo de sangre y oxígeno al cerebro. Con el ejercicio el hipocampo (vital para la memoria y el aprendizaje) aumenta de tamaño, lo que amplía la función mental, sobre todo en adultos mayores. Además, reduce los cambios en el cerebro que pueden causar el Alzheimer y la esquizofrenia.

– Relaja y mejora la calidad del sueño: el agotamiento de energía y el aumento de la temperatura corporal que se produce durante el ejercicio estimula los procesos de recuperación y mejora la calidad del sueño.

– Puede aminorar el dolor: hacer actividad física ayuda a aliviar el dolor crónico, aumenta la tolerancia a ese dolor y disminuye la percepción del sufrimiento.

– Mejora la vida sexual: el ejercicio estimula el deseo sexual, fortalece el sistema cardiovascular, mejora la circulación sanguínea, tonifica los músculos y mejora la flexibilidad; todo eso a su vez puede mejorar el rendimiento sexual, el placer y la frecuencia de la actividad sexual.

 Para tener en cuenta 

Es importante remarcar que la actividad física siempre tiene que estar supervisada por algún profesional competente ya que, así como un buen ejercicio puede beneficiar al organismo, una sobreexigencia o un ejercicio inadecuado puede repercutir negativamente en el cuerpo.